Parroquia de San Josemaría en Aravaca

El 17 de febrero tuvo lugar la inauguración oficial de la Parroquia de San Josemaría, situada en el madrileño barrio de Aravaca, zona de Valdemarín, con una Eucaristía Solemne presidida por el Ilmo. Sr. D. José Luis Huéscar Carrizal, Vicario Episcopal del Arzobispado de Madrid.

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Recorrido histórico 3
Calle Santa Inés

Bajando por la calle de Santa Isabel, en dirección hacia la estación de Atocha, casi frente a la iglesia de Santa Isabel, torciendo a la izquierda, el paseante baja por la calle de Santa Inés.

Calle Santa Inés
Esta calle de Santa Inés une la calle de Santa Isabel con la calle de Atocha.

En la fotografía se ve, al fondo, el muro del convento de Santa Isabel. El costado lateral derecho de esta calle, que se observa en la fotografía corresponde a un gran edificio, construido en los siglos XVIII y XIX para albergar al Real Colegio de Cirugía, convertido luego en Facultad de Medicina.

En la actualidad ha sido rehabilitado como sede del Instituto Nacional de Administración Pública.

Aquí estaba, durante los años treinta del siglo XX, la antigua Facultad de Medicina, donde impartieron sus enseñanzas Santiago Ramón y Cajal, Gregorio Marañón y Carlos Jiménez Díaz, entre otras figuras ilustres.

En esta Facultad estudió el doctor Juan Jiménez Vargas (1933—1997), uno de los primeros miembros del Opus Dei; y el doctor Eduardo Ortíz de Landázuri (1910—1985), otro miembro del Opus Dei, cuya Causa de Canonización está abierta, que fue discípulo de Jiménez Díaz.
 

 
Calle Atocha. Azulejo de la Inmaculada Concepción

Inmaculada ConcepciónAl llegar a la calle de Atocha se puede contemplar, desde la acera, un azulejo de la Inmaculada Concepción que está en el ático de la casa nº 109 de la calle de Atocha. Allí estaba la Congregación de San Felipe, que atendía a enfermos del cercano Hospital.

El Fundador tenía gran piedad por esta representación de Nuestra Señora, a la que invocaba habitualmente desde esta calle de Atocha desde 1931.

Está muy arraigada en Madrid la devoción a la Virgen, y en concreto a la Inmaculada Concepción. A mediados del siglo XVI, según Jerónimo de la Quintana, la ciudad contaba con setenta y tres templos, de los cuales treinta y cuatro estaban dedicados a la Virgen y nueve a la Purísima Concepción.

 
Esquina de la calle de Santa Inés con Atocha

Atocha con Santa InésEn este lugar de la calle de Atocha, en la esquina con la calle Santa Inés, sufrió el Fundador una agresión un día de la Octava de la Inmaculada de 1931. El Fundador entiende en sus escritos por San Carlos la Facultad de Medicina.

Escribió el Fundador el 15 de diciembre de 1931:

Octava de la Inmaculada Concepción, 1931: En la tarde de ayer, a las tres, cuando me dirigía al colegio de Santa Isabel a confesar las niñas, en Atocha por la acera de San Carlos, esquina casi a la calle de Santa Inés, tres hombres jóvenes, de más de treinta años, se cruzaron conmigo.

Al estar cerca de mí, se adelantó uno de ellos gritando: “¡le voy a dar!”, y alzaba el brazo, con tal ademán que yo tuve por recibido el golpe.

Pero, antes de poner por obra esos propósitos de agresión, uno de los otros dos le dijo con imperio: “No, no le pegues”. Y seguidamente, en tono de burla, inclinándose hacia mí, añadió: “¡Burrito, burrito!”

Crucé la esquina de Santa Isabel con paso tranquilo, y estoy seguro de que en nada manifesté al exterior mi trepidación interna. Al oírme llamar, por aquel defensor!, con el nombre -burrito, borrico- que tengo delante de Jesús, me impresioné. Recé en seguida tres avemarías a la Santísima Virgen. Que presenció el pequeño suceso, desde su imagen puesta en la casa propiedad de la Congregación de San Felipe.

Escribió al día siguiente, 16 de diciembre de 1931:

AcuarelaAyer estuve como cansado, a consecuencia indudablemente del asalto de la calle de Atocha. Estoy convencido de que fue cosa diabólica. (...) El que trató de agredirme tenía una cara de insensato terrible. De los otros dos no recuerdo nada. Entonces -y después tampoco- no perdí la paz.

Fue una trepidación fisiológica, que aceleró la marcha de mi corazón y que me di cuenta de que no se manifestó al exterior, ni en un gesto. Me pasmó, según conté, el tono de ironía, de burla que empleó para llamarme, por dos veces, burrito.

Instintivamente, elevé mi corazón y me puse a rezar tres avemarías a nuestra Señora. Después, anoté a la letra en mi cuartilla las frases de aquella gente. (Vázquez de Prada, 411)
 

 
A lo largo de la calle Fúcar

El paseante cruza la calle de Atocha, tuerce a la izquierda y comienza a caminar hacia arriba. Se encuentra primero con el arranque de la calle de San Pedro, y subiendo por la acera de la calle Atocha encuentra el arranque de la calle del Fúcar

La calle del Fúcar (hispanización fonética de Fugger apellido de unos famosos banqueros alemanes) es un ejemplo de lo que se denomina el “Madrid galdosiano”: edificios modestos, de cuatro y cinco pisos, con fachadas de ladrillo y balcones sencillos. Fueron construidos en su mayoría durante el siglo XVIII y XIX.

El caminante recorre esta calle del Fúcar, y va dejando, a la derecha de esta calle, la calle Almadén primero y la calle del Gobernador después, hasta encontrase con la esquina de la calle de la Verónica.

Casa Central de las Conferencias de San VicenteRecuerda Manuel Pérez Sánchez que, en su juventud, Álvaro del Portillo participaba en unas reuniones de carácter caritativo con otros estudiantes los sábados por la tarde en la Casa Central de las Conferencias de San Vicente, en esta calle de la Verónica.

“En esas reuniones —cuenta Pérez Sánchez— hacíamos un rato de lectura espiritual y, a continuación, exponíamos los resultados y necesidades de las que habíamos sido testigos la semana anterior, y proponíamos las ayudas que teníamos que llevar la semana siguiente”.

Álvaro del Portillo, que estudiaba ingeniería, dedicaba varias horas de los fines de semana a realizar obras de misericordia con los pobres y necesitados de Madrid.

Recordaba Ángel Vegas, que participaba en esas reuniones de la calle de la Verónica la figura de Álvaro del Portillo: “me sorprendía porque era uno de los alumnos más brillantes de la Escuela y, al mismo tiempo, una persona muy tratable y sencilla; muy inteligente, alegre, culto, simpático, amable, y sobre todo -esto es lo que me llamaba la atención- profundamente humilde, de una humildad extraordinaria, que dejaba huella. (...) Una huella de cariño, de bondad, de Amor de Dios”.

 

 
Plaza de San Juan y calle de Jesús

Esta calle del Fúcar, por la que sigue caminando el paseante, termina en la Plaza de San Juan. En esta pequeña plaza confluyen además, otras tres calles: la calle de Moratín, la calle de Santa María, y la calle de Jesús.

En una de las casas de esta plaza se puede leer, en una gran placa de mármol blanco, la siguiente inscripción: En esta casa nació a 10 de Marzo de 1760 el Insigne Poeta Dramático D. Leandro Fdnz de Moratin. Reedificada en 1892.

Calle de Jesús

En esta Plaza de San Juan comienza la calle de Jesús, que empieza a recorrer el paseante.

Basílica de Jesús de Medinaceli Al final de esta calle de Jesús, tras cruzar la calle de Lope de Vega, está la Plaza de Jesús y la Basílica y Parroquia de Jesús de Medinaceli, de gran devoción popular en Madrid.

Según Répide esta imagen de Jesús de Medinaceli ya gozaba de gran veneración en el siglo XVIII: “Fue cautiva , el año 1681, por Muley Islam, rey de Fez, en el fuerte de la Mamora, y rescatada al año siguiente por los Trinitarios con otras imágenes y vasos sagrados, y colocada en este templo, donde el Duque de Medinaceli le costeó un suntuoso retablo de mármoles traídos de sus estados de Andalucía”. Este templo se llamaba iglesia de Jesús.

Del antiguo convento de Trinitarios Descalzos sólo se conserva esta imagen, porque la iglesia de Jesús fue destruida por las tropas napoleónicas. La iglesia actual, al cuidado de religiosos capuchinos, se construyó en el siglo XX. Es obra de Jesús Carrasco.

Todos los viernes del año, y en especial el primer viernes de Marzo, se congregan numerosos devotos en esta Basílica para venerar a Jesús de Medinaceli. Con frecuencia tienen que aguardar durante varias horas para entrar en el templo, en una larga cola que rodea toda la manzana de edificios.

Calle de JesúsEl 26 de noviembre de 1931 escribió el Fundador en sus Apuntes íntimos:

Después de la Sta. Misa, hoy, en la acción de gracias y más tarde en la iglesia de los Capuchinos de Medinaceli, el Señor me ha inundado de gracias.

Se cumplió lo del Salmo “inebriabuntur ab ubertate domus tuae: et torrente voluptatis tuae potabis eos”. Lleno de gozo con la Voluntad de Dios, siento que le he dicho con San Pedro: ecce reliqui omnia et secutus sum te.

Y mi corazón se dio cuenta del “centuplum recipies”... Verdaderamente, he vivido el Evangelio del día.

El 26 de noviembre de 1931 Josemaría Escrivá estuvo en la exposición con el Santísimo en la iglesia de Jesús de Medinaceli. Aquel día escribió:

Y entonces comprendí muchas cosas: No soy menos feliz porque me falte que si me sobrara: ya no debo pedir nada a Jesús: me limitaré a darle gusto en todo y a contarle las cosas, como si El no las supiera, lo mismo que un niño pequeño a su padre.

Desde la Basílica de Jesús de Medinaceli arranca la calle Duque de Medinaceli por la que sigue caminando el paseante.

En la acera de la derecha de esta calle Duque de Medinaceli se alza el edificio del Hotel Palace. En la acera de la izquierda de esta calle Duque de Medinaceli, en los números 4 y 6, se puede contemplar el edificio del antiguo Palacio del Hielo y del Automóvil, que albergaba una gran pista de patinaje y una exposición de automóviles modernos.

En la actualidad este edificio es sede de un centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de un centro de la Comunidad de Madrid. El proyecto es del arquitecto belga Edmon de Lune. Es obra de los arquitectos Gabriel Abreu y Fernando García Mercadal. Este edificio fue adquirido en 1928 por el Estado para Centros de Estudios Históricos y ha sufrido desde entonces sucesivas reformas.

 

 
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